sábado, 18 de diciembre de 2010

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El fatalismo pues, nada nunca pareciera estar suficientemente mal, ley o no finalmente es lo más positivo que se puede pensar. Puede ser cosa de posiciones, claro, todo lo puede ser, la lista de opciones es infinita y las menos pensadas son las que primero llegan. De qué sirve reír si es tan sólo un segundo ¿y todo el resto? Pensar continuamente en la muerte es revestir de sentido la vida, tomarle el peso y volver a caer en la muerte. Tanta preocupación destinada a evitar morir de ciertas formas y tan poca en el hecho de que inevitablemente; moriremos.

Es difícil dentro de mi cabeza, comienza el día, uno a uno, cada vez peor, con menos ganas, más arrasa la pregunta para qué, hay un divino pesimismo dentro de mí. Lo único que me llama eres tú escritura, no te juzgo, no te analizo, no te interpreto, sólo te disfruto. Lo bello del humano trasciende a él. Un segundo de ello… Más difícil articular la acción. Es lo mismo que matar, traer a la vida.

viernes, 17 de diciembre de 2010

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La humanidad está formada prioritariamente de muertos y cosas muertas, los vivos apenas representan nada al lado de la multitud de los que ya no están. La memoria de la gente es breve, no pueden recordar a todos los muertos, no se pueden acordar de todo y eso que se han inventado mil artilugios para ayudar a recordar; fotografías, libros, museos. Quizá por eso no es recomendable estar solos, la memoria de dos personas siempre será menos breve que la de una sola… De todas formas, en cualquier momento, cuando menos te lo esperas, tus sueños pueden convertirse nuevamente en una pesadilla.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

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Todos somos errores, estamos destinados por tanto a cometerlos una y otra vez. Pierde así cualquier sentido la vida. En un segundo todo se destruye. Nada importa.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

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Es hoy. De todos los días es hoy. Se le acaba el destino. Nunca quiere hacer nada. La idea de mando y corrupción a quien no entiende o se burla de la sensación mortuoria. Si pudiera caminar a media mañana sería feliz. Ella morirá. Ella morirá. Eso sucederá. El escritor que mata a su personaje central revela con ello su propio instinto? Se matará. Se matará por algo que no parezca importante. La mentira de seguir adelante comparando harina con nieve, valorando las verdades relativas.

- ¿Estás bien?

- Si

Y para no prestar atención real se habla sobre aquello que quien lo dice cree aflige a quien miente sobre su estado anímico comenzando el ciclo de la mentir, obviar y su-poner que no arregla algo y deja todo marchar.

¿Por qué está todo mal? Todos saben vivir, no entiendes porqué a algunos les resulta tan difícil como si sólo hubiesen olvidado untar el molde en la receta de pastel, pero el que no sabe vivir entiende que no se trata de un paso equivocado, podrían ser cientos de ellos, o ninguno, y eso es lo que aflige. La meritocracia jamás genera respuestas. Es quien adolece siempre capaz de reconocer el dolor en el resto y quien tiene algún dolor es siempre incapaz de no centrarse en el, como si algo mal le impulsara la vida inyectándole una dosis de adrenalina, ahora bien, el curso normal es que la felicidad te mueva o los suicidas han comprendido todo al revés? En el caso específico de las mujeres donde se supone que el ser madre es el esplendor, dónde queda justificada entonces su eliminación, se trata acaso de lo que se quiere y no se logra? en lo personal atiendo más las circunstancias de tener lo que se quiere y aún así quedar en el vacío. A quien le llega el sufrimiento para darle sentido a un episodio de su vida misma comprende que otro no puede remediarlo ni aminorarlo, viene del todo, no existe tan sólo un punto equidistante. La dulzura del suicida no viene del afán del enmendar el dolor ajeno sino de la sensación de que nada importa, besar a un hombre o a una mujer cuando llora no es el intento de robar su calada de sufrimiento para fortalecer el propio sino del deseo que se comprenda que las demostraciones nada cambian; te acaricio sin quererte y lo recibes sin salvarte… Al final la sensación de mejoría será caminar en soledad donde nada querrá posar la falacia de que algo puede cambiar para mejor en una persona que acepta la vida tal cual despojándose de la conceptualización moral del bien y mal, aunque los ojos se llenen de lágrimas y nadie responda ¿qué quieres? Estar ocupado es ridículo ¿Y no estarlo? Aún la gente loca quiere ser invitada.

¿Los suicidas tienen el instinto en búsqueda de un mejor lugar o de un retorno? El cuerpo es comida de micro-organismos finalmente, y nadie recuerda de dónde vino, pero en el fin, todos parecemos más pequeños y tranquilos, nada se niega por haber llegado más temprano. De todas formas el encanto del resto es lo único que posa sonrisas. Los recuerdos siempre y cada vez se vuelven más dolorosos, volcar la vista es revelar lo peor; nada se comprende, un instante siquiera. ¿Importa que inevitablemente debiera terminar por completo?

Todo debe seguir ¿Molesta o no resulta un consuelo creer que la muerte termina todo? Es posible morir. Puede ocurrir que el último segundo un cambio de opinión, en ése caso, de todas formas, otro morirá en su lugar.

La vida es trivial. Falso bienestar. El comienzo de la felicidad no es comienzo, es felicidad. Intentar salvar a un suicida es intentar que no lo logre? Y en ese sentido, despreciar los actos de amor para hacer que eso no ocurra es ingratitud? El salvador jamás entiende que le ha robado la vida al suicida, quien se muere viviendo, luchando aislado en la oscuridad, en la oscuridad profunda, y que sólo éste puede conocer, sólo él puede comprender su condición, si el otro vive con la amenaza de la extinción del suicida, es suicida es quien mejor lo siente; sabiendo que es su derecho, que es el derecho de todo ser humano, a todos los pacientes se les permite opinar sobre su receta, así es como se puede definir la humanidad, dentro de todas las otras formas posibles. Por el bien de otro, de poder, elegiría ser feliz, pero en esta vida, se puede hablar de una elección real?

Contraste; alguien debe morir para que los demás valoremos la vida. El poeta, el visionario ¿Qué significa arrepentirse cuando no hay alternativa? Mirar la vida siempre de frente y conocerla por lo que es y luego ponerla en su sitio.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Carta a un viejo amigo


“Probablemente nadie que intenta suicidarse, como lo demuestra Régnier en uno de sus cuentos, es plenamente consciente de todos sus motivos, que con frecuencia son demasiado complejos. Al menos en mi caso, el suicidio está causado por un vago sentimiento de angustia, un vago sentimiento de angustia sobre mi propio futuro.

Durante los últimos dos años más o menos he pensado solo en la muerte, y he leí­do con especial interés un notable relato del proceso de la muerte. Aunque el autor lo expresaba en términos abstractos, yo seré tan concreto como pueda, incluso al punto de parecer inhumano. En este punto, estoy obligado a ser honesto. En cuanto a mi vago sentimiento de angustia por mi propio futuro, creo que lo analicé por completo en “Vida de un loco”, salvo el factor social, es decir la sombra que el feudalismo arrojó sobre mi vida. Es algo que omití­ deliberadamente, inseguro de poder esclarecer el contexto social en el que viví­.

Una vez que me decidí­ por el suicidio (no lo considero un pecado, como los occidentales), busqué la manera menos dolorosa de llevarlo a cabo. Por ende descarté ahorcarme, pegarme un tiro, saltar al vací­o y otras modalidades de suicidio por razones estéticas y prácticas. El uso de una droga parecí­a ser tal vez la manera más satisfactoria. En cuanto al lugar, debí­a ser mi propia casa, por inconveniente que ello resultara para mis familiares que me sobrevivirí­an. Como una suerte de trampolí­n, tal como lo habí­an hecho Kleist y Racine, pensé en alguna compañí­a, por ejemplo, una amante o un amigo, pero como muy pronto gané confianza, decidí­ seguir adelante solo. Y lo último que tuve que calcular fue la manera de asegurar una ejecución perfecta sin que mi familia se enterara. Después de varios meses de preparativos, finalmente estoy convencido de haberlo logrado.

Nosotros, los humanos, por ser animales humanos, tenemos un miedo animal a la muerte. La así­ llamada vitalidad es sólo otro nombre de la fuerza animal. Yo mismo soy un animal humano. Y parece que esta fuerza animal, se ha escurrido gradualmente de mi sistema, a juzgar por el hecho de que tengo tan poco apetito por la comida y las mujeres. El mundo en el que vivo es el de los nervios enfermos, lúcido como el hielo. Esta muerte voluntaria debe darnos paz, si no felicidad. Ahora que estoy listo, la naturaleza me resulta más bella que nunca, por paradójico que parezca. He visto, amado y entendido mas que otros. En eso al menos experimento cierta satisfacción, a pesar de todo el dolor que he tenido que soportar hasta el momento.

P.S. Leyendo una vida de Empédocles, siento qué antiguo es este deseo de convertirse en un dios. Esta carta, en la medida que puedo saberlo, no lo intenta. Por el contrario, me considero uno de los humanos más comunes. Tal vez recuerde aquellos dí­as, veinte años atrás, cuando hablamos de Empédocles bajo los tilos. En esa época yo era alguien que querí­a convertirse en un dios.”

De Ryunosuke Akutagawa, escritor japonés que se suicidó en 1927 (autor, entre otras obras, de la conocida novela “Rashomon”, llevada al cine por Akira Kurosawa)

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Se han catalogado varios estereotipos de conductas típicas de los suicidas, sin embargo continúa pareciéndome impresionante el hecho de que la revelación misma del íntimo deseo sea simplemente obviada en la mayoría de los casos, la revelación de la dificultad inmediata que representa lidiar con la existencia en un grupo etario diseminado, en una sociedad culturalmente cosmopolita y en un mundo diverso como éste pasa del reconocimiento de la necesidad de ayuda a ser tratado como un mero alarde o llamado de atención, inclusive para la psiquiatría que habla de los efectos de la depresión y la misantropía como causas comunes del intento dejando de lado la idea principal, la voluntad de jugar con el sino del acontecer; generalmente cuando el soporte cede nadie quiere repararlo siendo mucho más fácil cruzar una cinta sobre el pilar y hacer como si aquella herida no existiera, y me pregunto ¿el parche curita sana realmente? En lo personal resulta evidente que es aliviador no mirar la carne expuesta, pero el placebo no cura nada más que la angustia psicológica, y la existencia no es jamás unidireccional ni se abstiene al resto de los factores por atender tan sólo uno.

Ayer en mi cabeza se cruzaba la idea del nacionalismo con la del suicidio, hoy, en el mismo lugar, la he estado trabajando un poco más, los regimenes totalitarios no sólo se dan a nivel de lapolis, o ésta última no se da exclusivamente a ras de la ciudadanía, quizá me equivoque en lo uno y lo otro y sea una cadena de acontecimientos conectados, donde la voluntad de sometimiento y poder serían los grilletes. Una familia con reglas rígida, un sistema intolerante, un mundo medievalista corrompido, generación tras generación cayendo en el vacío trascendental, números, reglas, orden, un panorama cada vez más unificado, menos atractivo y alentador, ante tanto monopolio de la verdad cómo buscan las ciencias sociales (¡qué pena que ya no podamos hablar de humanidades siquiera!) catalogar a los sujetos en tantas y tantas rotulaciones sin notar que el sin-sentido sólo deja dos opciones; los homicidas y los suicidas.

domingo, 5 de diciembre de 2010

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Desde un análisis aislado, elaborado y complejo podría unirse el nacionalismo con la mentalidad suicida, sin embargo caer en un revoltijo de ideas como ése sería redundante y poco productivo, ya muchos antes han analizado ambos sucesos, unido, separados, predispuesto uno sobre otro y obviamente a la inversa también, y el resultado, como ya es típico en las teorías ha sido mera especulación estereotípica de casos olvidando, al parecer, todos los letrados precursores que la casuística se enriquece cada vez que son las individualidades analizadas por sobre el tópico general generándose de ésta forma una plataforma abierta al instinto del suicidio, qué más comparativo entre el nacionalismo y el suicidio que el sentimiento de individualidad, único, elegido, dotado de particularidades… al caer en el cese de la existencia ambas “corrientes” pierden el sentido del cual se revistieron para mostrarse como únicas, la pérdida de identidad o la socialización de ésta deja a la causa sin motivo, se pierde la esperanza, la derrota surge entonces carcomiendo todo cuanto se creía especial, crece la angustia, en la idea de nación lo menos humillante es rendirse, reconocer, y culpar al líder de todo cuanto sucedió, en el suicida el panorama no es muy distinto, se reconoce la pérdida de aquello supuesto como el sentido de la existencia, se imputa la pérdida a la negligencia del yo y, como en la idea oriental, la muerte es la respuesta a la ruina. ¿Qué viene después de eso? No me refiero a si existe el paraíso, el infierno o el limbo, sino al suceso social, después de todo algo estuvo sucediendo frente a las narices de muchas personas, es evidente que uno será condenado por lo que hicieron muchos, pero qué pasa en ésas personas que fueron partícipes pasivos del acontecer, ésos que votaron en blanco por decirlo de forma alguna, el que no prestó atención cuando se cruzó la idea de que algo andaba mal con cierta persona pero no le dio mayor importancia. El que muere no tiene nada que recuperar, pero los que quedan, cómo se enfrentan a la culpa. Es curioso el suceso que se desencadena agrilletado a la muerte, la culpa, incluso legalmente, no alcanza a ser más que el reconocimiento de una negligencia que atrajo consecuencias inesperadas, es eso lo que queda cuando alguien muere en sus propias manos? ¿Simplemente culpa? Y de qué sirve eso…