domingo, 5 de diciembre de 2010

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Desde un análisis aislado, elaborado y complejo podría unirse el nacionalismo con la mentalidad suicida, sin embargo caer en un revoltijo de ideas como ése sería redundante y poco productivo, ya muchos antes han analizado ambos sucesos, unido, separados, predispuesto uno sobre otro y obviamente a la inversa también, y el resultado, como ya es típico en las teorías ha sido mera especulación estereotípica de casos olvidando, al parecer, todos los letrados precursores que la casuística se enriquece cada vez que son las individualidades analizadas por sobre el tópico general generándose de ésta forma una plataforma abierta al instinto del suicidio, qué más comparativo entre el nacionalismo y el suicidio que el sentimiento de individualidad, único, elegido, dotado de particularidades… al caer en el cese de la existencia ambas “corrientes” pierden el sentido del cual se revistieron para mostrarse como únicas, la pérdida de identidad o la socialización de ésta deja a la causa sin motivo, se pierde la esperanza, la derrota surge entonces carcomiendo todo cuanto se creía especial, crece la angustia, en la idea de nación lo menos humillante es rendirse, reconocer, y culpar al líder de todo cuanto sucedió, en el suicida el panorama no es muy distinto, se reconoce la pérdida de aquello supuesto como el sentido de la existencia, se imputa la pérdida a la negligencia del yo y, como en la idea oriental, la muerte es la respuesta a la ruina. ¿Qué viene después de eso? No me refiero a si existe el paraíso, el infierno o el limbo, sino al suceso social, después de todo algo estuvo sucediendo frente a las narices de muchas personas, es evidente que uno será condenado por lo que hicieron muchos, pero qué pasa en ésas personas que fueron partícipes pasivos del acontecer, ésos que votaron en blanco por decirlo de forma alguna, el que no prestó atención cuando se cruzó la idea de que algo andaba mal con cierta persona pero no le dio mayor importancia. El que muere no tiene nada que recuperar, pero los que quedan, cómo se enfrentan a la culpa. Es curioso el suceso que se desencadena agrilletado a la muerte, la culpa, incluso legalmente, no alcanza a ser más que el reconocimiento de una negligencia que atrajo consecuencias inesperadas, es eso lo que queda cuando alguien muere en sus propias manos? ¿Simplemente culpa? Y de qué sirve eso…

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