lunes, 6 de diciembre de 2010

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Se han catalogado varios estereotipos de conductas típicas de los suicidas, sin embargo continúa pareciéndome impresionante el hecho de que la revelación misma del íntimo deseo sea simplemente obviada en la mayoría de los casos, la revelación de la dificultad inmediata que representa lidiar con la existencia en un grupo etario diseminado, en una sociedad culturalmente cosmopolita y en un mundo diverso como éste pasa del reconocimiento de la necesidad de ayuda a ser tratado como un mero alarde o llamado de atención, inclusive para la psiquiatría que habla de los efectos de la depresión y la misantropía como causas comunes del intento dejando de lado la idea principal, la voluntad de jugar con el sino del acontecer; generalmente cuando el soporte cede nadie quiere repararlo siendo mucho más fácil cruzar una cinta sobre el pilar y hacer como si aquella herida no existiera, y me pregunto ¿el parche curita sana realmente? En lo personal resulta evidente que es aliviador no mirar la carne expuesta, pero el placebo no cura nada más que la angustia psicológica, y la existencia no es jamás unidireccional ni se abstiene al resto de los factores por atender tan sólo uno.

Ayer en mi cabeza se cruzaba la idea del nacionalismo con la del suicidio, hoy, en el mismo lugar, la he estado trabajando un poco más, los regimenes totalitarios no sólo se dan a nivel de lapolis, o ésta última no se da exclusivamente a ras de la ciudadanía, quizá me equivoque en lo uno y lo otro y sea una cadena de acontecimientos conectados, donde la voluntad de sometimiento y poder serían los grilletes. Una familia con reglas rígida, un sistema intolerante, un mundo medievalista corrompido, generación tras generación cayendo en el vacío trascendental, números, reglas, orden, un panorama cada vez más unificado, menos atractivo y alentador, ante tanto monopolio de la verdad cómo buscan las ciencias sociales (¡qué pena que ya no podamos hablar de humanidades siquiera!) catalogar a los sujetos en tantas y tantas rotulaciones sin notar que el sin-sentido sólo deja dos opciones; los homicidas y los suicidas.

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