Triturada un poco
abatida
sin ganas
sin fuerzas
irremediablemente acongojada
irreparablemente dañada
Triturada un poco
abatida
sin ganas
sin fuerzas
irremediablemente acongojada
irreparablemente dañada
No es cierto,
no te creo,
no suenas como verdad
no me he enfrentado hace rato con ella
pero su voz es imposible de olvidar.
Mueran ahora todos los mitos
con especial placer quiero ver caer los que hablan de mí.
No estoy desconsolada
estoy podrida
cucarachas salen de mi cuerpo
¿y qué es la evolución sino la muerte?
tengo pena por esta existencia
oportunidad inoportuna,
olvidar la vida…
El tiempo es escaso
hablar por hablar es insulto
soy amiga de quien me dio la muerte
tengo mucho por agradecerle
y nada de resentimiento
¡hipócritas! ¡castrados!
no es perdón
mi discurso es más desesperanzado
pero menos falso,
agradeceré en el minuto antes
que sea el último
esta sombra tan honesta que me dio.
Que me hunda yo y todo el resto
silencio como única salvación
callar todas las supuestas respuestas
todas las inútiles frases
callar todas las bocas
callémonos
besémonos para siempre
con veneno en los labios,
tengo risa en los míos
y no es ella el problema
sino la insubordinación del sin sentido.
No se culpen por mi muerte
hay varias excusas a las que recurrir
por mi parte siéntanse libres
como debieran
que nada ha influido más que el vacío
no lo soporto;
el placer se viste de maldad
si todos saliéramos con nuestros paraguas a la calle
si todos tuviéramos paguas.
Qué piensan al encontrarme
[tan muerta]
cuántos silencio consigo
y cuántos son honestos
¿será cierto que tengo algo de derrotista?
¿Habrá la vida de ser frontera?
¿Son lágrimas las que caen por mi gotera?
¿Hay sonrisa en el humano que comprende?
¿Comprende alguien?
Uno al menos,
al menos ¿no es cierto?
Alguna vez,
supongo.
No sé cómo sienten la muerte
este grupo tan muerto
¡Egoísta!
Alguno de ellos supongo escupa
sobre mi rostro o mis cenizas
o me convierta en cenicero.
¡Mundo despierta!
Aquí algunos nos matamos
protestando a lo que eres.
Aquí se sufre
miserable de mí, que lo supe y no halle respuesta,
ustedes son muchas cabezas.
No hay culpa en quererse abstraído
la evasión es camino
es opción,
la lógica no es verdad
si la verdad no existe.
Pensemos todos que la vida se acaba
si no basta con creer que uno se muere
y hagamos que esto valga
no por miedo, por ganas.
Padezco tu imagen
te sé y tiemblan las convicciones
intento pasen los días y no sea tu nombre.
Apareces como salvación
condena.
Quítate de en medio
tú y la ficción que te rodea.
Saber lo mejor
el orden natural
liándome al caos.
Cómo dejar de ser contigo de este lado.
Y si grito y ríes hay desconcierto
encantador.
Cómo acabar
quedémonos quietos y ciegos
y sin historia de paso.
No había más antes de presentarnos
y tuvieses esa mala idea de ser.
Desesperanzada como soy
no pude negarte,
te quiero lejos cuando sea duda,
y el silencio llegue.
Rondas mi vida hace tanto tiempo
eres un trazo horizontal
en la recta de mi vida
marcándola con determinación
¿Para qué esa necia locura?
los abandono para ir a perderme con las aves
en la región de los cuervos
antes de transformarme en título de tragedia,
levántome atrevidamente de la tierra.
Soy Polomeo que se suicida
hace demasiado que la Paz nos abandonó
también yo Polomeo la he encerrado
también yo Polomeo
el mismo anhelo de ver a las ciudades sobre el mortero
¡que los humanos temblemos por nuestras mandíbulas!
la Paz jamás fue libertada.
Moriremos en silencio,
habiendo olvidado los gritos arrancados por la alegría.
He desenterrado la muerte para verla caer en mí
honrándola con la decisión de mi sacrificio [ja!]
No basta la fuerza de todos los que quieren Paz
si es que de esos queda alguno.
Teoría, me río de tu rostro,
fiesta serás siempre,
efímera.
…Teoría, qué perfume se exhala de tu aliento.
¿Qué he concluido respecto al amor?
que no existe
que si existe no tiene nada de bueno
que está sobre-valorado
que es una justificación para tirar.
Después de él viene siempre la tristeza
¿quién no ha sufrido por su culpa?
Me lo topé una vez
la más grande estafa en la historia
o histeria
de la humanidad.
Te roba los prejuicios
la política
la música
la más hermosa poesía
te deja en el más cruel estado de pobreza
te sumerge en el vacío
te llena de penas
te hace sentir vivo
te devuelve las ganas, la esperanza
dios y unos cuantos discípulos
y luego te lo arrebata todo.
Limpiémonos del sometimiento
liberémonos del discurso
¡liberémonos!
Pero cuidado
si no quieres entrevistarte con la muerte de frente
no podrás ser atrozmente libre, amor mío.
¿Qué he concluido respecto a dios?
que no existe
que si existe no tiene nada de bueno
que esta sobre-valorado
que es una justificación para amar.
¿Amarnos para qué?
No quiero que alguien lamente
mi tan segura muerte
y antes de eso sea compromiso.
Que nada me ate
que nada me obligue.
Quise que todo fuera
porque el minuto lo propuso
porque hubo coincidencia,
intuición, presentimiento.
Nunca quise ser con otro perfecto
sino adivinanza en todo momento.
Girondo, Girondo
discúlpame tú la desfachatez
de no saber si soy cientos o miles
pero angustiarme como si fuera millones.
Soy tantas, y todas mujeres
si tan sólo una fuera mi letra,
que se odien, mientan y desconozcan
pero que se sepan.
Se detendrán todos los cuestionamientos
nunca tendrá sentido apostar por esta vida,
nada puede nombrarse bello, o libre
y no quiero menos.
Una razón desinfectada se ve purificada
de los momentos de la voluntad ilustrada,
enajenada de si misma,
se ha enajenado de su vida.
Y la vida privada de espíritu arrastra
una existencia espectral de arbitrariedad
con el nombre de decisión.
Los labios se posarán sobre él
y su devastada ración de piel
que concibe el mundo
y la revolución
con ojos distintos a los de tu desamor
por la vida.
Verás su rostro
mientras escuchas con atención
sabes que no lo comprendes
ni lo intentas
simplemente te acompaña
abriendo el desafío de lo nuevo
complemento es otra cosa
ideales que avanzan por el mismo camino.
Los besos saben distinto según la ocasión
y la persona
los de él te gustan
pero ¿qué más?
Estabilidad,
proyecto
y todas las fantasías
se esfuman tras el último roce
de las lenguas.
Tus labios hoy sabrán a calor,
irradiarán fuego,
y no es por él,
es el alcohol quemándolos.
Sé que en algún minuto va a pasar
no se trata de cariño cuantificado
sino de realidad tangible
algo así como de la naturaleza
del humano.
Me engañará
no lo dirá
lo sabré por acciones
quizá por un tercero más honesto.
No podré volver.
Sufriré.
Luego el arrepentimiento
que nada soluciona.
Por acá que resulta más fácil alargarse, resulta más fácil conjugar de a poco las letras para que susurren tu nombre.
Es el primer Septiembre, que contiene alguna relevancia para mí, es el primero en el cual recibirás mi saludo, y que sabremos de nuestras existencias. Es tan raro decir que la emoción es infinita, que tu cumpleaños es la excusa perfecta para decirte lo que ha significado que nos encontrásemos en medio de las risotadas desconcertantes, en medio de las fuerzas desmedidas que tienden a separar a las personas, que nos encontráramos y fuésemos arrastrados por algo inexplicable y que, sin saberlo, apareciéramos perdidos ya el uno en el otro, sin habernos dicho una sola palabra al respecto. Y que luego fuese todo tan natural como el fluir de cualquier cauce, y que tu boca y la mía se abrazaran como si hubiesen nacido para eso. Y luego el viaje, la separación antes de que la unión nos pareciera real, la desesperación de dos personas que difícilmente creían poder hallarse el uno al otro y que, inexorablemente, deben volver a alejarse. Un alejamiento que tiene que ver con los kilómetros, y con las carreteras y las personas que ocupan autos, trenes o buses, no tanto con nosotros que acudimos a los llamados volando o caminando, pero que no somos de los mismos que tocan las bocinas para convencerse de que están vivos. Porque no, porque no es de nosotros, tan sólo pensemos... La lejanía sólo ha hecho que acerquemos más y más todo lo nuestro que ignora los peajes, ha hecho que nos digamos "te quiero" a la distancia, como un llamado, como un grito agónico de no querer dejar de tocar tu piel nunca más. Es que es así, así y nada más, cuando vuelvas no sé como volveremos a separarnos, así que ya nadie nos ha de desunir en un viaje irrespetuoso. Irrespetuoso no por los motivos sino por lo intransigente de las distancias, pero qué más da, estamos a un día de vernos. Un día eterno sí, pero que es menos que la semana que pasé sin que tu mano se acoplara perfectamente a la mía, como si fuéramos uno de esos rompecabezas que se esfuerzan por armar algunos extraterrestres haciendo que las piezas viajen por todo el planeta o qué sé yo. Qué importa, imagínate todo lo que hemos sido, date cuenta como hemos abierto el camino para que nuestros abrazos detengan el tráfico y no el tráfico a nuestros abrazos. Yo estoy absolutamente agradecida de todos mis errores, de todos, pues me han traído hasta ti o, digamos, nos han hecho juntarnos. Y de aquí en más, es tan improbable que la desagregación de nosotros como lo que somos pase por mi mente, tanto. Quiero que todo sea como queramos, que nos sigamos metiendo a la gente en el bolsillo, que rockiemos la vida antes de que se nos haga tan insufrible como siempre. Dijiste que eras quien no era capaz de sentir nada por nadie, yo también. Yo también, en cierto sentido, en uno similar al auto-convencimiento, a la necesidad de obviar cosas para evitar que mi persona aflorara haciendo sufrir a diestra y siniestra. Yo no quería eso, pero simplemente pasaba. Ahora contigo, no sé como son las cosas, te has parado frente a mi y con un dedo has movido toda y cada una de las certezas que sostenía con obstinación. Y no eres un concepto para mi, eres completamente tú y se me escapan las palabras para explicar a que me refiero cuando digo eso, es que digo tantas cosas, que las palabras se hacen cortas y sería cosa de inventar nuevas, pero prefiero que las inventemos entre los dos y que muchas de ellas no se escriban, si no que se sientan (a pesar de lo cursi que puede sonar eso).
Te quiero porque te me has hecho indesmentiblemente necesaria, porque de tu mano derribar el mundo parece posible, porque en la calle contigo me basta, porque son tan pocos los días, que hacen pensar que esto nos sobrepasa, porque de a poco me doy cuenta de que toda descripción se resume en ti, que todo poema hace juego con tu voz, que cada letra bien puesta compone tu nombre, que te cuelas en las canciones, en las risas, en los desvelos, que eres inagotable y nos estábamos esperando. ¿Te das cuenta de lo último que dije? ¿De la verdad que se esconde? ¿Te das cuenta que, desde que nos supimos, no dejamos que más nada interviniese en nuestra conjugación "imperfecta", como te gusta decir a ti? Y qué viene para después, ¿quién sabe?...
Por mientras quédate con lo tuyo que es mío, con lo que poseo, pero que siempre, siempre fue para ti ( ), quédate con todo eso y con más, te lo regalo, hasta que lo deseches. Pero, sobre cualquier cosa, te regalo el viaje y cualquier cosa que lleguemos a pisar de la mano, todo lo que sonría, se espante, llore, grite, patalee, debido a nuestros labios confundidos, a nuestras manos volátiles que desde antes que lo supiéramos se quieren hacer una.
Y te regalo un poema, no sé por qué, pero es que me he dado cuenta que todos susurran tu nombre o tu voz o tu aroma o tus besos...
Somos un error y, fundamentalmente, somos. Como nunca los ingenieros de terno y corbata planificaron. Iguales a los que no salen en ninguna campaña publicitaria, somos y es tan importante, y sólo nuestros ojos al cruzarse nos legitiman, sólo cuando tu mano consigue anclarse donde debe nos aparecemos como somos, como ni nosotros esperábamos ya llegar a ser.
Y no creemos en su dios, ni ellos creen en nosotros. No interesa su respuesta ni sus ojos espantados, ni la voz de mar agreste con que nos gritan sus desgracias. Importa solamente la voz que susurra lluvia cuando tus ojos se comen a los míos y somos profundamente cada uno.
Qué te crees tú que te apareces hasta en cada calada (palabra más tuya que mía) del cigarro que sostengo en mi boca. Que te vislumbro con la poca luz que palpita en mi espalda.
Qué te crees, que me sabes a todo lo que mis labios rozan con timidez, con miedo (justificado) que no seas tú, con miedo arraigado de que tu piel esté tan lejos y dentro de Chile, con miedo tonto de no mirarte fijo una vez más. Yo pienso que eres exactamente lo que entre las personas ciegas buscaba, lo que entre las piedras escarbé tantas veces sin razón, sin razón porque tu abrazo no había habitado el mismo espacio que mi tonta voz llamándote, y aprovéchate que el licor me hace tan honesta y que te quiero tanto y que nada me hará pensar (ni siquiera tu cumpleaños) que no debieras estar acá, tocando mi espalda y discutiéndome todo, incluso lo que sabes destinado a ceder. Te quiero.
Oye, tengo más felicidad que susto, más alegría que temor y recelo de ser nosotros.
Oye, te propongo algo... perdámonos tanto que nadie ya se atreva a buscarnos, que nadie jamás se asome a nuestro pequeño espacio del universo idiota, del universo que osaba creerse perfecto, que negaba la reunión de las nubes, que negaba que alguna vez tus ojos coincidieran perfectamente con los míos y ya. Y no hubiera quien se opusiera, no hubiera quien dijese alto, ni quien evitara que tu mano coincidiera con la mía, y amén, se hizo la desventura del paraíso, se hizo nuestra historia. Cierra los ojos porque nos marearemos, porque esto no se ve, esto se vive y yo contigo, yo desmedidamente con tu historia. Yo... te quiero y espero ansiosa y espero un abrazo que no se acabe hasta que el dios envidioso parta la tierra en dos (cualquier momento, no importa). Te quiero.
Te veré tan pronto tus pies se atrevan a pisar mi cercanía,
tan pronto todo gire como encubierto hacia nuestro encuentro,
duerme una noche más sin mi, que quizás sea de las últimas. Te quiero.
Otro secreto, no le cuentes a nadie.
Nos veremos, un beso.
Adiós.
Esto no es, y no podría bajo ningún motivo convertirse en felicidad. Quiero matar este día. Las cosas no se pasan cuando caminas y tu nariz se congela. Parecieran que mis confusiones se emancipan convirtiendo las calles y la ciudad en niebla. No me conozco y no tengo idea de quién eres. No me pareces confiable. No creo en tu posición de dios y en la de nadie. No tengo miedo, hace tiempo que se me acabaron las pasiones, nada compensa a la nada, y esta sensación se incrusta en mi cuerpo. No te pares frente a mí con el mismo viejo reproche, los ídolos de masas conmigo no van, no te equivoques.
Te quiero abusivamente
como una falta de respeto.
Te quiero
escrito con letras grandes
y en la moneda.
Te quiero
porque somos resistencia
y alegría.
Te quiero
El humo nublará las nubes
de las líneas que acompañan mi tren.
Se acribillará la familia de mi gobierno
ante el impacto de mis 107 años.
Moribunda será mi vida
en aquella plaza sin árboles
esperando que algún día llames.
Las migajas quedarán envueltas en mi mesa
cuando te pares y no me hables.
Estaré aquí, esperando que nos miremos
y en silencio caminemos juntos.
Me cansas
me agotas
me das miedo
no quiero ver tu rostro
en cada reflejo de mi vida.
Sé lo que quiero
sé que haré lo contrario
que no será por ti
que será por mi cobardía
Nada quita la sensación de ahogo
ese vivir en la espera
oyendo el silencio
relación de cuatro paredes
no se mueven las estrellas.
Te has difuminado un poco
quemando las palabras
entre tus dedos amarillos
dejando algunas enredadas
en la incertidumbre.
El lenguaje inconexo de tu parpadeo
pareciera darte más razones
que mentiras injustificadas.
No tengo más palabras que las que salen
como peces de tu boca.
Tu tranquilidad tiene perfume dulce
y zapatillas de lona.