viernes, 29 de abril de 2011

Otra Carta

Por acá que resulta más fácil alargarse, resulta más fácil conjugar de a poco las letras para que susurren tu nombre.


Es el primer Septiembre, que contiene alguna relevancia para mí, es el primero en el cual recibirás mi saludo, y que sabremos de nuestras existencias. Es tan raro decir que la emoción es infinita, que tu cumpleaños es la excusa perfecta para decirte lo que ha significado que nos encontrásemos en medio de las risotadas desconcertantes, en medio de las fuerzas desmedidas que tienden a separar a las personas, que nos encontráramos y fuésemos arrastrados por algo inexplicable y que, sin saberlo, apareciéramos perdidos ya el uno en el otro, sin habernos dicho una sola palabra al respecto. Y que luego fuese todo tan natural como el fluir de cualquier cauce, y que tu boca y la mía se abrazaran como si hubiesen nacido para eso. Y luego el viaje, la separación antes de que la unión nos pareciera real, la desesperación de dos personas que difícilmente creían poder hallarse el uno al otro y que, inexorablemente, deben volver a alejarse. Un alejamiento que tiene que ver con los kilómetros, y con las carreteras y las personas que ocupan autos, trenes o buses, no tanto con nosotros que acudimos a los llamados volando o caminando, pero que no somos de los mismos que tocan las bocinas para convencerse de que están vivos. Porque no, porque no es de nosotros, tan sólo pensemos... La lejanía sólo ha hecho que acerquemos más y más todo lo nuestro que ignora los peajes, ha hecho que nos digamos "te quiero" a la distancia, como un llamado, como un grito agónico de no querer dejar de tocar tu piel nunca más. Es que es así, así y nada más, cuando vuelvas no sé como volveremos a separarnos, así que ya nadie nos ha de desunir en un viaje irrespetuoso. Irrespetuoso no por los motivos sino por lo intransigente de las distancias, pero qué más da, estamos a un día de vernos. Un día eterno sí, pero que es menos que la semana que pasé sin que tu mano se acoplara perfectamente a la mía, como si fuéramos uno de esos rompecabezas que se esfuerzan por armar algunos extraterrestres haciendo que las piezas viajen por todo el planeta o qué sé yo. Qué importa, imagínate todo lo que hemos sido, date cuenta como hemos abierto el camino para que nuestros abrazos detengan el tráfico y no el tráfico a nuestros abrazos. Yo estoy absolutamente agradecida de todos mis errores, de todos, pues me han traído hasta ti o, digamos, nos han hecho juntarnos. Y de aquí en más, es tan improbable que la desagregación de nosotros como lo que somos pase por mi mente, tanto. Quiero que todo sea como queramos, que nos sigamos metiendo a la gente en el bolsillo, que rockiemos la vida antes de que se nos haga tan insufrible como siempre. Dijiste que eras quien no era capaz de sentir nada por nadie, yo también. Yo también, en cierto sentido, en uno similar al auto-convencimiento, a la necesidad de obviar cosas para evitar que mi persona aflorara haciendo sufrir a diestra y siniestra. Yo no quería eso, pero simplemente pasaba. Ahora contigo, no sé como son las cosas, te has parado frente a mi y con un dedo has movido toda y cada una de las certezas que sostenía con obstinación. Y no eres un concepto para mi, eres completamente tú y se me escapan las palabras para explicar a que me refiero cuando digo eso, es que digo tantas cosas, que las palabras se hacen cortas y sería cosa de inventar nuevas, pero prefiero que las inventemos entre los dos y que muchas de ellas no se escriban, si no que se sientan (a pesar de lo cursi que puede sonar eso).

Te quiero porque te me has hecho indesmentiblemente necesaria, porque de tu mano derribar el mundo parece posible, porque en la calle contigo me basta, porque son tan pocos los días, que hacen pensar que esto nos sobrepasa, porque de a poco me doy cuenta de que toda descripción se resume en ti, que todo poema hace juego con tu voz, que cada letra bien puesta compone tu nombre, que te cuelas en las canciones, en las risas, en los desvelos, que eres inagotable y nos estábamos esperando. ¿Te das cuenta de lo último que dije? ¿De la verdad que se esconde? ¿Te das cuenta que, desde que nos supimos, no dejamos que más nada interviniese en nuestra conjugación "imperfecta", como te gusta decir a ti? Y qué viene para después, ¿quién sabe?...


Por mientras quédate con lo tuyo que es mío, con lo que poseo, pero que siempre, siempre fue para ti ( ), quédate con todo eso y con más, te lo regalo, hasta que lo deseches. Pero, sobre cualquier cosa, te regalo el viaje y cualquier cosa que lleguemos a pisar de la mano, todo lo que sonría, se espante, llore, grite, patalee, debido a nuestros labios confundidos, a nuestras manos volátiles que desde antes que lo supiéramos se quieren hacer una.


Y te regalo un poema, no sé por qué, pero es que me he dado cuenta que todos susurran tu nombre o tu voz o tu aroma o tus besos...

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