miércoles, 27 de abril de 2011

MUERTE VOMITATIVA

Me voy del mundo donde los sueños son noches más

a acostarme en las palabras de los viejos libros

[recitadas por tu boca]

a caminas sonámbula por las veredas grises

por cada despertar en que la cajetilla se haya tenido que volver dos

Nervios, incertidumbre, un botón como el gran obstáculo, cuestionamiento

deshojando sin excusas inventadas

actuando desde la convulsión del temblor

como si fuera por primera vez la última

sin referentes ni pasados, sin futuro, sin pudor…

El carro subiendo como una tilde mal puesta

donde no importa el rostro del después

donde el mundo se convierte en colores, en sustancias líquidas espesas

respiros cortados, y manos que se sujetan con fuerza

el desorden del Edén

en esas pupilas que hablan más claro que todas las palabras

inventadas por el racionalismo

Qué importa lo que quiera decir después

qué valor tiene el antes de los ojos cerrados

o el cuánto placer

si la vida ése minuto se detuvo un instante

[una muerte agónica y feliz]

ahí acabó la vida. Ahí comenzó el algo que no entenderías

Paso, pesado, pecado, culpa y sacrilegio

todos

JUNTOS

¡Dulcemente!

Ese torbellino que abraza y se lleva todo. Todo

hasta el aliento embarazado de la última mentira

todo el oxígeno del mundo

las pupilas dilatándose, lo ojos humedeciéndose,

la agonía del ahogo prematuro

esa corriente tenue de sangre que circula arrítmica

por el cuerpo, por la cabeza, por todos lados,

menos por las venas

los dientes apretados, separados, mascando nada,

intentando hacer algo

la redención vestida de rojo recorriendo la piel

y el pecado humano arrodillado al borde de la cama

en el mundo de los otros, en el mundo de ustedes

¡En el mundo!

Qué más da el asco de la muerte al mirarnos

vomitará odio, rencor, GANAS

y como otro llegaremos tarde a su encuentro

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