Me voy del mundo donde los sueños son noches más
a acostarme en las palabras de los viejos libros
[recitadas por tu boca]
a caminas sonámbula por las veredas grises
por cada despertar en que la cajetilla se haya tenido que volver dos
Nervios, incertidumbre, un botón como el gran obstáculo, cuestionamiento
deshojando sin excusas inventadas
actuando desde la convulsión del temblor
como si fuera por primera vez la última
sin referentes ni pasados, sin futuro, sin pudor…
El carro subiendo como una tilde mal puesta
donde no importa el rostro del después
donde el mundo se convierte en colores, en sustancias líquidas espesas
respiros cortados, y manos que se sujetan con fuerza
el desorden del Edén
en esas pupilas que hablan más claro que todas las palabras
inventadas por el racionalismo
Qué importa lo que quiera decir después
qué valor tiene el antes de los ojos cerrados
o el cuánto placer
si la vida ése minuto se detuvo un instante
[una muerte agónica y feliz]
ahí acabó la vida. Ahí comenzó el algo que no entenderías
Paso, pesado, pecado, culpa y sacrilegio
todos
JUNTOS
¡Dulcemente!
Ese torbellino que abraza y se lleva todo. Todo
hasta el aliento embarazado de la última mentira
todo el oxígeno del mundo
las pupilas dilatándose, lo ojos humedeciéndose,
la agonía del ahogo prematuro
esa corriente tenue de sangre que circula arrítmica
por el cuerpo, por la cabeza, por todos lados,
menos por las venas
los dientes apretados, separados, mascando nada,
intentando hacer algo
la redención vestida de rojo recorriendo la piel
y el pecado humano arrodillado al borde de la cama
en el mundo de los otros, en el mundo de ustedes
¡En el mundo!
Qué más da el asco de la muerte al mirarnos
vomitará odio, rencor, GANAS
y como otro llegaremos tarde a su encuentro
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