miércoles, 27 de abril de 2011

Hugo Sir, Vez alguna...

Te regalo esta, mi paz y tranquilidad, que no podría ser sin ti, sin tus ojos mirando mis penas con tranquilidad, con tu insano equilibrio falso, lo hago para que te des cuenta que esto fue hermoso, como cada despertar a tu lado, cada beso en la mañana, cada café que no preparaste, siendo tu egoísmo ciego el que no te permite crecer. Te amo en tus formas rudas, en tus esquizoides características, te amo cuando me miras con ese odio encerrado. Hubo mundos, mares, cielos, estrellas y tú, como siempre mi cuerpo eligió doblar a la izquierda, donde no había más vida que tu vida y no era si no éramos. Ahora sentada, tranquila, con ese constante “algo” en mi pecho que no sale, y que ya simplemente no pretendo que lo haga porque lo asumo como la ausencia que dejas, puedo verte, y me pongo feliz porque amé, porque mi ser se rasgó. Bastaba un esbozo de tu sonrisa y nada importaba; los terremotos, las epidemias, los desamores, las lágrimas, las penas, las historias, los barcos, la mente que se dispara, que se va, que se vuela, el mundo que se hace mierda, la mierda que comemos, lo que somos, lo que esperamos, lo que seremos, que los hijos, las madres, los tíos, que los animales, los árboles, las plantas, el humano, el hommo, el omo, el drive, el rey, los huérfanos, y el carajo mismo valían madre si podía verte un segundo sonreír, si esa sonrisa era por algo que yo pudiera hacer, para que nada faltara, para que sobrara amor, para que no te cansaras, para que no te gastaras, que no miraras si no querías, que no sintieras si no tenías ganas, que te enojaras, que me gritaras si necesitabas drenar energía, que el viento se llevara las palabras, que la cama se desarmara, que los orgasmos no fueran o que fueran y los pies se atoraran, que no llegaras, que no cumplieras, que te esperara, que las cajetillas se hicieran humo, pero que fuera, que fueran nuestras, tuyas y mías, que viviéramos en ellas, que nos besáramos y que al día siguiente todo siguiera, pero que siguiera, que estuvieras a mi lado, que no importaba si no notabas la lágrima constante en mi rostro, que no fueras tú el que la secara, que fueras tú el que la provocara, que los platos quedaran sucios, la comida fría, el refrigerador desconectado, que no llamaras, que dijeras que lo harías, que te esperara, que te siguiera esperando, que todo valiera si tú volvías, que la vida se fuera entre los dedos pero con ellos amarrados a tus manos. Tuve miedo de quedarme con todo este amor encerrado, el mismo que ahora tengo, que no puedo sacarme, que ya no le temo porque lo conozco, porque es, porque intentó ser tuyo pero no pudo, el muy desgraciado no logró encantarte como tu silueta a mi alma, te amo en las tardes cuando caminas pálido, y cuando debates y te enojas porque las cosas no son como las quieres, como tu mente las piensa para el mundo, porque tienes más verdades que razones, te amo cuando te interesas y cuando pierdes el interés, en cada una de las luchas que tienes contigo por no convertirte en ese que no quieres ser y que vas derecho a ser. Lo hago, pero ahora en paz y sin lluvias.

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