jueves, 21 de abril de 2011

Cuando se cierran los ojos, el cerebro produce una multitud de sensaciones de luz y de color, posiblemente como una especie de resonancia y de eco de todos los fenómenos luminosos que durante el día actúan sobre él. Sin embargo, cuando cierro los ojos, es realmente como si pasara a otro estado, donde nada del mundo material lograra cruzar quedando sometida a mi alter ego y panorama imaginario del mundo de las ideas.
Y si el fenómeno particular que acompaña este hecho es también una especie de conclusión del efecto a la causa: mientras el espíritu pregunta de dónde provienen dichas sensaciones de luz y de color, supone como causas esas figuras y esos personajes: desempeñan para él el papel de ocasión de esos colores y de esas luces, porque, cuando es de día y tiene los ojos abiertos, está habituado a encontrar una causa ocasional para cada color y para cada impresión de luz. Por tanto mi carencia de sueños se debería entonces a que al cerrar los ojos abandono completamente el plano material o que cuando estoy en el plano material, con los ojos abiertos, sueño con el llamado mundo de los sueños ¿es una manifestación de mi mundo a una causa de él?

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