Somos un error y, fundamentalmente, somos. Como nunca los ingenieros de terno y corbata planificaron. Iguales a los que no salen en ninguna campaña publicitaria, somos y es tan importante, y sólo nuestros ojos al cruzarse nos legitiman, sólo cuando tu mano consigue anclarse donde debe nos aparecemos como somos, como ni nosotros esperábamos ya llegar a ser.
Y no creemos en su dios, ni ellos creen en nosotros. No interesa su respuesta ni sus ojos espantados, ni la voz de mar agreste con que nos gritan sus desgracias. Importa solamente la voz que susurra lluvia cuando tus ojos se comen a los míos y somos profundamente cada uno.
Qué te crees tú que te apareces hasta en cada calada (palabra más tuya que mía) del cigarro que sostengo en mi boca. Que te vislumbro con la poca luz que palpita en mi espalda.
Qué te crees, que me sabes a todo lo que mis labios rozan con timidez, con miedo (justificado) que no seas tú, con miedo arraigado de que tu piel esté tan lejos y dentro de Chile, con miedo tonto de no mirarte fijo una vez más. Yo pienso que eres exactamente lo que entre las personas ciegas buscaba, lo que entre las piedras escarbé tantas veces sin razón, sin razón porque tu abrazo no había habitado el mismo espacio que mi tonta voz llamándote, y aprovéchate que el licor me hace tan honesta y que te quiero tanto y que nada me hará pensar (ni siquiera tu cumpleaños) que no debieras estar acá, tocando mi espalda y discutiéndome todo, incluso lo que sabes destinado a ceder. Te quiero.
Oye, tengo más felicidad que susto, más alegría que temor y recelo de ser nosotros.
Oye, te propongo algo... perdámonos tanto que nadie ya se atreva a buscarnos, que nadie jamás se asome a nuestro pequeño espacio del universo idiota, del universo que osaba creerse perfecto, que negaba la reunión de las nubes, que negaba que alguna vez tus ojos coincidieran perfectamente con los míos y ya. Y no hubiera quien se opusiera, no hubiera quien dijese alto, ni quien evitara que tu mano coincidiera con la mía, y amén, se hizo la desventura del paraíso, se hizo nuestra historia. Cierra los ojos porque nos marearemos, porque esto no se ve, esto se vive y yo contigo, yo desmedidamente con tu historia. Yo... te quiero y espero ansiosa y espero un abrazo que no se acabe hasta que el dios envidioso parta la tierra en dos (cualquier momento, no importa). Te quiero.
Te veré tan pronto tus pies se atrevan a pisar mi cercanía,
tan pronto todo gire como encubierto hacia nuestro encuentro,
duerme una noche más sin mi, que quizás sea de las últimas. Te quiero.
Otro secreto, no le cuentes a nadie.
Nos veremos, un beso.
Adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario