martes, 22 de noviembre de 2011

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Mucho ha dicho la literatura sobre la adolescencia y crisis humanas posteriores a los treinta años, dejando abandonado un sector etario que es fuente de las crisis antes señaladas, ésa etapa donde se mira para atrás comprendiendo que la adolescencia ya pasó, ése paso racional situando posterior a los veinte años donde por vez primera comprendemos el peso del destino, el juguetes que le somos a la vida y la crueldad de tomar decisiones sin la experiencia. Pienso por ejemplo lo triste que es haber dejado atrás aquello aquello que te gustó y quisiste de verdad embarcado por el vértigo y la emoción de lo nuevo. Entre tanta novedad dejar de mirar con entusiasmo y ver con nostalgia ese sentimiento/sensación que no tenía límites y no conocía de mentiras ni engaños, dejarlo sin comprender lo necesario y natural que resultaba hacerlo y lo poco que el sentimiento mismo media las cosas.

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