martes, 22 de noviembre de 2011

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Ser escritor es distinto a que te guste escribir, puede haber escritores a los que no les guste escribir o su escritura.
A mi me gusta escribir y no soy escritora, sin embargo, cuando este gusto no puede ser satisfecho comienza a generarse en mi una necesidad creadora obstinada y enceguecida cual obrero no le paguen a fin de mes. Deja de parecer sabrosa la existencia y se apodera el lápiz de mi mano ¿cómo comer o ir al baño con una mano lápiz? ¿cómo no dejarse llevar por la seducción que articulan las servilletas, los envoltorios de té o todo otro papel?
Cae la mano lápiz en una especie de promiscuidad imparable, libidinosa, de acariciar lo más profundo de todo cuanto rayable se le cruce.

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