jueves, 3 de mayo de 2012

Concurso Rosas y Versos


¿Recuerdas cuando nos conocimos? Fue más un episodio simpático de la vida que un encuentro; nos topamos en el estacionamiento de bicicletas. Creo que es un comienzo tierno. A las horas siguientes nos encontramos bajando las escaleras, y claro, sonreímos. Más tarde, tras un tercer tropiezo fuimos por un café.

¡Qué jóvenes éramos! Queríamos sentir la vida, criticarla, soñarla, cambiarla. Nos tengo un cariño especial a lo que fuimos ahí, símil al que se siente por los más pequeños de la familia. Éramos puros y hermosos, con tantas ideas… Por esos tiempos la amistad nos unía y fuimos leales, nos respetamos y tratamos con sinceridad, una sinceridad brutal que nos hizo escuchar cosas que no queríamos oír, y nos mantuvimos juntos.

Nos creíamos libres mientras nos atábamos el uno al otro. Un día tu boca despertó imantada a la mía y no hubo más que bocas abrazándose, reconociéndose, jugando a las escondidas como sería por harto tiempo más. Miramos con recelo la alegría, nos negamos ante el mundo y en un secreto hermoso fuimos completamente felices.

El infortunio es de quien lo busca y nosotros lo merecimos, la distancia fue espantosa, una desintoxicación lenta y dolorosa de los recuerdos que buscaban porvenires. Trajimos oscuridad al laberinto y tantos, tantos obstáculos que ha ratos se hizo eterno alcanzar el otro lado. Y como el sol que anuncia la retirada del invierno nos miramos. Fue primavera. Volvió la vida parecer insignificante sin el binomio que éramos, y así nos la hicimos.

Aceptamos lo que resultamos sin más objeciones que unas cartas, estábamos mejor preparados para sobrellevar la realidad. Vino así el frío de las noches entibiadas por la impotencia. Con el paso del tiempo fuimos invirtiendo en reproches, acentuando más las carencias. No supimos manejar muy bien la frustración y pronto dejamos de invertir en todo lo demás, luego ni reproches teníamos para ofrecernos. Fue tan triste, la realidad nos abofeteo, llego de pronto y se comió los planes, ¡todos!, fue cruel con nosotros, no hubo lugar por donde no se introdujera y el coste lo pagamos. Nos mostramos débiles, profundamente sensibles al otro. Estropeamos tanto durante ese tiempo, como si tú o yo hubiéramos podido cargar con la culpa, o como si la culpa existiera.

Desde entonces el contexto externo se ha empeñado en permanecer, y tanta noche fría me ha dañado los huesos, sin embargo te miro y lo sé, eres tú, y es que la sonrisa sale sola, como si tuviera alas y volara, un segundo, uno de una imagen y ahí está, y es que ya no importa tu presencia, es tu existencia lo que adoro. No imaginas la fortaleza que has entrenado en mí, ni la dureza bajo mi cáscara. Hay días que no amanecen por tu cara tapando el sol y tú no lo sabes, suelo creer que un sentimiento tan profundo no puede quedarse estático y espero lo sientas.

Ensamblar dos vidas como las nuestras ha sido un trabajo de relojero del cual nunca sabremos si colocamos todas las partes correctamente, y esa emoción nos revive. La esperanza de un beso tuyo repleta todos mis sueños y generalmente no necesito mucho más, pero debemos conversar, y es que te me has hecho escaso y me siento abatida. Se me perdió tu ausencia que al ser lo único que tengo no la veo y ya ni tus letras me alimentan. No hay crítica en esto que digo, sino un lamento.

No quiero saber más de tus días y acciones,            no más palabras, te quiero en silencio, o mejor silenciado, y recordar tu aroma,  no sólo eso, quiero guardármela, llenar y llenar espacios de ella, que me ayude en momentos como éste donde se me ha acabado. Saborearte y que el tiempo no sepa de reservas, que sean mi boca y tu cuerpo guante y mano. Y luego que seamos, felices como solemos serlo, pero que cuando lo estemos siendo lo sepamos, que la indiferencia no nos nuble ni el orgullo sea obstinado, dejemos al sentimiento ser inmenso, como hace tanto le debemos serlo.

Si el tiempo no te apremia, mucho para ti espera, y si tu egoísmo flojo anda ¡tanto de ti quiero! Recibe todo, que nada menos puedo, de mí.

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