¿Recuerdas
cuando nos conocimos? Fue más un episodio simpático de la vida que un encuentro;
nos topamos en el estacionamiento de bicicletas. Creo que es un comienzo
tierno. A las horas siguientes nos encontramos bajando las escaleras, y claro,
sonreímos. Más tarde, tras un tercer tropiezo fuimos por un café.
¡Qué jóvenes
éramos! Queríamos sentir la vida, criticarla, soñarla, cambiarla. Nos tengo un
cariño especial a lo que fuimos ahí, símil al que se siente por los más
pequeños de la familia. Éramos puros y hermosos, con tantas ideas… Por esos
tiempos la amistad nos unía y fuimos leales, nos respetamos y tratamos con
sinceridad, una sinceridad brutal que nos hizo escuchar cosas que no queríamos
oír, y nos mantuvimos juntos.
Nos creíamos
libres mientras nos atábamos el uno al otro. Un día tu boca despertó imantada a
la mía y no hubo más que bocas abrazándose, reconociéndose, jugando a las
escondidas como sería por harto tiempo más. Miramos con recelo la alegría, nos
negamos ante el mundo y en un secreto hermoso fuimos completamente felices.
El infortunio es
de quien lo busca y nosotros lo merecimos, la distancia fue espantosa, una
desintoxicación lenta y dolorosa de los recuerdos que buscaban porvenires.
Trajimos oscuridad al laberinto y tantos, tantos obstáculos que ha ratos se
hizo eterno alcanzar el otro lado. Y como el sol que anuncia la retirada del
invierno nos miramos. Fue primavera. Volvió la vida parecer insignificante sin
el binomio que éramos, y así nos la hicimos.
Aceptamos lo que
resultamos sin más objeciones que unas cartas, estábamos mejor preparados para
sobrellevar la realidad. Vino así el frío de las noches entibiadas por la
impotencia. Con el paso del tiempo fuimos invirtiendo en reproches, acentuando
más las carencias. No supimos manejar muy bien la frustración y pronto dejamos
de invertir en todo lo demás, luego ni reproches teníamos para ofrecernos. Fue
tan triste, la realidad nos abofeteo, llego de pronto y se comió los planes,
¡todos!, fue cruel con nosotros, no hubo lugar por donde no se introdujera y el
coste lo pagamos. Nos mostramos débiles, profundamente sensibles al otro.
Estropeamos tanto durante ese tiempo, como si tú o yo hubiéramos podido cargar
con la culpa, o como si la culpa existiera.
Desde entonces
el contexto externo se ha empeñado en permanecer, y tanta noche fría me ha
dañado los huesos, sin embargo te miro y lo sé, eres tú, y es que la sonrisa
sale sola, como si tuviera alas y volara, un segundo, uno de una imagen y ahí
está, y es que ya no importa tu presencia, es tu existencia lo que adoro. No
imaginas la fortaleza que has entrenado en mí, ni la dureza bajo mi cáscara.
Hay días que no amanecen por tu cara tapando el sol y tú no lo sabes, suelo
creer que un sentimiento tan profundo no puede quedarse estático y espero lo
sientas.
Ensamblar dos
vidas como las nuestras ha sido un trabajo de relojero del cual nunca sabremos
si colocamos todas las partes correctamente, y esa emoción nos revive. La
esperanza de un beso tuyo repleta todos mis sueños y generalmente no necesito
mucho más, pero debemos conversar, y es que te me has hecho escaso y me siento
abatida. Se me perdió tu ausencia que al ser lo único que tengo no la veo y ya
ni tus letras me alimentan. No hay crítica en esto que digo, sino un lamento.
No quiero saber
más de tus días y acciones, no
más palabras, te quiero en silencio, o mejor silenciado, y recordar tu
aroma, no sólo eso, quiero guardármela,
llenar y llenar espacios de ella, que me ayude en momentos como éste donde se
me ha acabado. Saborearte y que el tiempo no sepa de reservas, que sean mi boca
y tu cuerpo guante y mano. Y luego que seamos, felices como solemos serlo, pero
que cuando lo estemos siendo lo sepamos, que la indiferencia no nos nuble ni el
orgullo sea obstinado, dejemos al sentimiento ser inmenso, como hace tanto le
debemos serlo.
Si el tiempo no
te apremia, mucho para ti espera, y si tu egoísmo flojo anda ¡tanto de ti
quiero! Recibe todo, que nada menos puedo, de mí.
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