
Bien pocas cosas me queda que logren hacerme llorar, antes, cuando era aún más pequeña, era tan fácil que llorara, de hecho lloraba por todo, mis sucesivas torpezas y la poca costumbre a ser dispersa me hacía votar y quebrar cosas a cada movimiento y me sentía tan culpable por ésos sucesos, un poco tonta igual, mi hermano era tan hábil en el manejo corporal y le encantaba recordarme mis torpezas con injusta burla, me sentía con facilidad culpable por la mayoría de los acontecimientos que a mi al rededor se entrelazaban como si con tan corta edad pudiese ser responsable de muchas cosas, me hacía mucho daño descubrir que el mundo no era como el que estaba en mis sueños de pequeña y me precipité a conocer, más tarde lloré harto por la muerte de mi padre y los millones de dudas que dejó con ello, la última vez que recuerdo llorar con ganas fue la vez que más he llorado, es curioso reconocer ahora que el dolor que sentía en ése minuto pasó tan bien y que nada de ello provoca pena alguna ahora al recordarlo, fue cuando terminé una relación, la relación estable más corta que he tenido, igual ello se debe a que mis relaciones tienden a perdurar en el tiempo mucho más de lo acostumbrado para la "juventud" (estoy tan vieja, lo sé, lo siento). El tiempo ha pasado irreparablemente desde ése suceso, no he vuelto a llorar tan abiertamente desde ésa vez, llorar con pasión, llorarlo todo, dejar la vida circular en lágrimas, que la pena se llevara toda la energía, que todo se acabara, como si nada importara más que lo perdido, saber que la decisión fue personal y aún así lamentarlo, asumir y querer retroceder sabiendo que éso jamás podría suceder, aferrarme al dolor más que a las ganas de que pasara, sentir el vacío del olvido y la necesidad de que el tiempo pasara, que forma tan honesta de sufrir... En ese minuto llore todo lo que me quedaba por llorar, fue casi renovador tanta noche tendida en la cama llorando, perdí tanto por invertir todo en el dolor y luego, bueno luego la historia continúo como todos decían que sucedería, el tiempo se llevo las penas, sané y viví el duelo de la mejor manera que supe hacerlo; intensamente, hasta que ya no tuve nada por qué llorar. He sentido luego de esa vez muchas veces ganas de poder compenetrarme así con las emociones, ganas de tener ganas de llorar con pasión, pero es como si LA VEZ de la vida que hubiese tenido permitido hacerlo la hubiese ocupado en ésa ocasión que relacionada con sucesos posteriores no fue TAN dolorosa, el resultado del intento de ganas ha sido nefasto, unas cuantas lágrimas insalubres rodando por mis mejillas que más que desahogar desesperan, son como el recuerdo de la posibilidad que alguna vez tuviste para reventar y que ahora ya no posees, y que de ser una habilidad nadie me ha enseñado recargar y desconozco el dónde conseguir el maná necesario para comprar más.
Sucedió ayer que fui con la Vale y Gato al río (río que tenía una gran cantidad de musgo, musgo que cada vez que lo nombraba me hacía reír... es intrínseco a mi memoria inmediata ahora) que se dio un momento en el cual nos desconectamos de manera absoluta entre los tres ("de forma social como se diría así"), la Vale se fue a sacar fotos, Gato se puso a dibujar (cosa que me encanta que haga, me gusta mucho su trabajo, él no se da cuenta de que es bueno en lo que hace, que tiene una identidad su obra, quizá porque siempre lo he visto pero yo podría reconocer entre miles uno de sus trabajos), y yo comencé a leer "Humano Demasiado Humano", antes de las primeras veinte páginas me sentía extraña, mi garganta de verdad se anudó, fue como estar leyendo a alguien que sacaba las ideas de mi cabeza y las plasmaba frente a mí, tanto dicho sin mis manos mediando y tan idéntico el sentimiento. Si, obvio que no fue lo mismo que llorar, pero la emoción de sentir que alguna vez en el curso de la historia alguien no sólo manifestó sino que además sintió los mismo pesares que llevo me retorció el estómago y meritaba el llanto que no llegó porque no hago caso a la meritocracia y porque algo pasó que se llevó el llanto verdadero de mí, pero el punto es que de haber podido llorar lo habría hecho. He practicado hasta ahora cierta devoción al "El Origen De La Tragedia" puesto que me había dado directrices físico-temporales en relación a mis -y de muchos- conflictos existenciales, pero con éste la conexión fue distinta, no es una fuente sino un compartir, una comprensión absoluta de lo que se dice, un sentir mutuo, lo que a él le ha pasado sin duda es irrepetible formalmente en otro contexto, sin embargo la sensación aledaña a ése evento se reproduce de forma exacta en mí. Quizá no muchas personas comprendan el impacto y la sorpresa que me causó, más en lo personal no es un evento reiterado encontrar comprensión, la constante de hecho es absolutamente inversa.
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