lunes, 7 de febrero de 2011

Mi ya conocida histeria provoca que me asombre cuando los temas se dan por concluidos en las cabezas de sus dueños y es como si con ello se extrapolara a todo el resto del universo, debiendo ser acatado el silencio. Entiendo que comprender de ésta forma las cosas es también una opción y como tal tan válida como el resto, sin embargo me causa tanto conflicto cuando me toca enfrentarla, he conocido tres personas sumamente importantes que reaccionan así frente a ciertas circunstancias y me ha complicado tanto lidiar con sus silencios, es que no comprendo desde cuál lógica es positivo callar u obviar los temas que generar confrontación y mucho menos entiendo cómo ésta puede ser una solución. Entiendo y me es cómodo el pensamiento de que tú eres así, yo de otra forma, no podemos pensar igual y fin del asunto, y aunque intento practicarlo en lo cotidiano debo reconocer que con éstas personas, que insisto han sido (o son) importantes –y quizá por ello la diferencia- cuando han recurrido a lo que se podría comprender como una práctica del argumento anterior, me complica bastante, principalmente porque lo que callan es la base de lo que se convertirá inevitablemente en el quiebre de la relación social entre nosotros, siendo mucho más fácil y beneficioso para fortalecer el lazo dar a conocer aquellas cosas que aquejan del otro, me refiero a que si te molesta que fume pero no me lo dices y nos juntamos seguido, yo no sé que te molesta y siempre fumo para matar la ansiedad que llevo a cuestas, y luego, después de meses cortas nuestra relación porque se te hace imposible soportar el cigarrillo, cómo plasmar aquí el asombro que ello me provoca, está bien que no andemos discriminadamente interviniendo la existencia del resto y he aquí mi cuestionamiento base ¿no hacerlo como regla generalizada –y acatada a voluntad- es aspirar a la perfección innata o estar constantemente buscando el “error” para salir corriendo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario